Primer chakra: desde la matriz hasta el primer año

Promover la toma de consciencia del cuerpo

Lo mejor que puede hacerse en esta etapa es contribuir a que la criatura vaya familiarizándose con su propio cuerpo. El contacto, las caricias, llevarla en brazos y atender a todas sus necesidades físicas reviste la máxima prioridad. Teniéndola en brazos se le enseña a sostenerse. Jugando con ella, a desarrollar su coordinación motriz. Tocar sus pies y sus manos, darle un juguete que pueda sostener, jugar con ella durante el baño, todo eso estimula el desarrollo de la motricidad. Al establecer un ambiente adecuado de confort y seguridad, con juguetes adecuados a esa fase temprana, ayudamos a que la criatura vaya abriéndose de una manera positiva al mundo exterior. Establecer lazos de adhesión y confianza.

El cuidador primario es la única fuente de seguridad para la criatura en esta etapa, durante el primer año de vida es fundamental la presencia de esa persona con la mayor asiduidad posible. Y no sólo la presencia, sino tomarla en brazos siempre que llora, acunarla, hablarle, evitar ruidos que la sobresalten, evitar que pase hambre, frío o malestar, alimentarla cuando tenga hambre y no en función de un horario, etc. A algunos progeni- tores les resulta difícil establecer este tipo de vinculación porque tienen la sensación de que la criatura les exige demasiado. Pero es conveniente que se establezca porque así resultará más fácil la posterior independencia.

La presencia constante durante la primera etapa del desarrollo infantil ayuda a conciliar el dilema confianza-desconfianza. La criatura, sabiendo que siempre puede contar con alguien, aprende a relajarse, en vez de crecer en un entorno de tensión vigilante y dependencia excesiva.

Jardín de infancia adecuado

Cuando la madre necesita trabajar aunque su hijo se halle en el primer año de vida y no puede estar con él, le inflige una desventaja. Pero, por desgracia, a menudo las condiciones económicas no consienten otra opción. Dejar el niño en manos adecuadas es lo mejor que pueden hacer los progenitores entonces, ocupándose personalmente de controlar que la criatura reciba los cuidados necesarios.

Comprobar que la criatura reciba frecuente contacto humano, alimento cuando lo pida, y el cuidado de unos adultos competentes en un entorno adecuado a su edad, es una de las pocas cosas que los padres pueden hacer cuando busquen guardería. Pasar en ella el tiempo suficiente hasta que el niño o niña se acostumbre al lugar, también suele ser útil. Tener a la criatura durante la jornada con una familia, o en casa con una canguro todo el día, ofrece más garantías de continuidad y estabilidad. Además la madre debe comprender que la criatura tal vez necesitará atención, contacto y afecto extra cuando regrese por la noche a su casa, aunque ello le exija un esfuerzo suplementario a la madre soltera o la mujer trabajadora que llega fatigada al término del día. Sin embargo, el tiempo que dediquemos a estas atenciones durante los primeros años hallará su compensación a largo plazo, ya que tendremos una criatura más sana y más tranquila, que luego no nos planteará tantos conflictos.

La sensación de seguridad requiere un entorno seguro.

Ambiente doméstico de calma, evitación de estridencias, de objetos peligrosos, de caídas, de corrientes de aire, protección frente a la violencia de los adultos o los hermanos mayores: todo esto es indispensable. Recordemos que en principio el infante se identifica con el entorno. El medio en que vive es la primera influencia que recibe y determina lo que será. Cuando la criatura se encuentra en un entorno que no le es familiar, como una tienda, un parque, la con- Apoya su autoestima En esta fase en que empieza a formarse la identidad del yo, no dejes de demostrar lo mucho que te complacen sus progresos. Que note que se le aprecia. Si vas dándole tareas que sea capaz de llevar a buen término, irá cobrando confianza en sí misma, o en sí mismo. Con rompecabezas y juguetes apropiados a su edad, o pequeñas tareas domésticas, como guardar los juguetes en una caja o recoger los muñecos del suelo, irá construyéndose el sentido básico de confianza. Si se empeña en hacer algo superior a sus medios, como lustrarse los zapatos, préstale tu ayuda. Evita por todos los medios la crítica, y no desahogues tu contrariedad contra la criatura si se muestra torpe al intentar alguna cosa sencilla. Ya aprenderá.

La adquisición de los hábitos higiénicos

La misma criatura suele indicar cuándo está preparada para ese aprendizaje, mediante un interés aumentado por las actividades de los adultos en el cuarto de baño avisando cuando está mojada y negándose a que le pongas los pañales. Por otra parte, necesitará que se los cambies con menos frecuencia. Antes de los 18 meses 2 años de edad, aproximadamente, no se adquiere el control de los esfínteres, ni se puede prescindir de los pañales hasta los 3 años. Hay que esperar al momento idóneo en vez de entablar una inútil batalla de voluntades, si acertamos en ello infundiremos en la criatura una sensación de orgullo por el progreso realizado, que la equipara a los adultos. Con recompensas por el éxito se adelanta más que con castigos por el fracaso, que únicamente sirven para suscitar vergüenza. Busca premios que puedan servir para premiar la conducta adecuada, sin escatimar tampoco los abrazos, los aplausos y los elogios verbales.

Disciplina adecuada

Sin dejar de fomentar la autonomía y la voluntad de tu hijo o hija. evidentemente no querrás abdicar del con- trol. Hay que establecer ciertos límites que se mantendrán con firmeza. La criatura no entenderá un razonamiento complicado, pero los asertos sencillos de causa y efecto, como «¡el perro muerde! ¡no lo toques!» sí pueden ser comprendidos. Los castigos severos no enseñan más que comportamientos agresivos y vergüenza. La retirada del afecto determina conflictividad entre los chakras tercero y cuarto, y hace criaturas inseguras e incapaces de decidir sin aprobación ajena. En su lugar, intenta distraer la atención de la criatura ocupándola en algo más adecuado. Si le quitas de la boca el telemando, no le chilles cuando empiece a llorar: dale otra cosa para que juegue. Apártala de situaciones peligrosas. Las limitaciones firmemente establecidas son más eficaces que la cólera o el ceño fruncido. Los pequeños son muy sensibles a la aprobación de sus padres en esa etapa. En caso necesario, desaprobaremos la conducta pero no al autor o autora de ella.

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Categorias: Espiritualidad
Ultima modificación: 06/22/2012