Características y etapas del proceso creativo

Todo proceso creador está constituido por una secuencia cíclica que pasa por diversas fases. Podemos empezar, por ejemplo, por la obra terminada, lista para mostrar, la que nos complace enseñar pues ya nada en ella se debe corregir, ni modificar. Esta obra terminada constituye una configuración, una gestalt.

Pasado un cierto tiempo, el autor de la obra comienza a descubrir que, en realidad, no es tan perfecta, y termina por intuir que, probablemente, ya no haría una obra semejante, aunque todavía no sabe qué es lo que haría. Es el momento de la disconformidad.

La disconformidad lleva, tras un periodo de tiempo variable, a la ruptura. Esa gestalt ya no sirve y es necesario romperla. Al hacerlo, el autor entra en confusión, en caos, porque ha roto lo viejo, pero no sabe qué es lo que viene a continuación. Este es un momento crucial: si la persona logra sostener todo el tiempo que haga falta este difícil estado de confusión, se pondrá en camino hacia una nueva creación; si, por el contrario, busca rápidamente aplacar su ansiedad, impedirá que la mente entre en el estado necesario para desarrollar sus propias aptitudes creativas.

Uno de los motivos por lo que es tan difícil de sostener el caos, es porque generalmente viene acompañado o seguido del aburrimiento, y aburrirse está mal visto en nuestra sociedad. Pero para desarrollar la nueva configuración, es imprescindible atravesar también esta etapa.

Sólo el aburrimiento es capaz de generar el vacío necesario para gestar la nueva idea, para que eclosione el nuevo coágulo creador. Este pondrá en marcha una formidable energía que conducirá, tras una etapa de arduo trabajo, a la nueva obra de arte, a la nueva configuración. Expresado secuencialmente sería como sigue:

configuración – disconformidad – ruptura – caos – aburrimiento – eclosión del nuevo coágulo creador – trabajo – nueva configuración.

Cuando se concibe el aprendizaje como un proceso creador, algunos elementos que en el modelo de enseñanza tradicional se rechazan o están mal vistos cobran un valor nuevo y ayudan a romper los viejos estereotipos: se pueden, por tanto, reivindicar como educativas realidades tales como la lentitud, los errores, el caos y el aburrimiento.

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Categorias: Psicologia
Ultima modificación: 07/01/2012