Cómo salvar una mala relación entre hermanos

Como padres se tiene la obligación de intervenir lo menos posible a menos que haya un abuso evidente de uno hacia el otro de los hijos.

En general, es saludable que exterioricen sus sentimientos. Si observamos a los animales, por ejemplo los perritos o los gratitos, ellos empiezan a morderse y arañarse desde pequeños ya sea peleando por la comida o por el afecto de la madre. De la misma manera lo hacemos nosotros, los humanos.

Como padres tenemos que aprender a no sentir preferencia por alguno de nuestros hijos, o lo que es peor, fomentar la rivalidad poniendo a uno de ellos como el ejemplo a seguir. Debemos ser justos, darle a cada uno de ellos su lugar y su importancia que debe tener y hacer saber que ambos son exactamente iguales ante nosotros para recibir protección y cariño por igual.

No debemos fingir que no pasa nada después de un enfrentamiento entre ellos. Debemos hablarles sin lesionarlos ni castigarlos y dejar que cada uno exponga sus motivos que los impulsaron a tener un disgusto o confrontación.

La ternura, la tensión, el amor de los padres, la comunicación con ellos son los elementos que pueden salvar una mala relación. Aprender a compartir entre hermanos es una tarea complicada pero la convivencia en la familia la facilita. Las reuniones con abuelos, tíos, parientes, el comer juntos ya sea en el desayuno, la comida o la cena fomentan la comunicación y fortalecen los vínculos. Y es esto lo que evita las confrontaciones y aquello que los hace sentir diferentes.

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Ultima modificación: 07/30/2012