Cómo dictar una clase amena

A esta altura de los tiempos nadie debería dudar de que si bien el aprendizaje en gran medida depende de la predisposición del estudiante, existe una gran responsabilidad en la tarea del docente a la hora de presentar su asignatura. Un docente que no consigue transmitir su propio entusiasmo por lo que está explicando a sus alumnos, aunque se trate de logaritmos o la reproducción de las variedades de plantas monocotiledóneas y sea difícil para ellos ver en eso valor alguno. Por lo expuesto, la tarea del docente debe centrarse en conseguir el interés del educando. El docente ha sido y será el forjador de voluntades de su clase. Puede ganarse al curso o perderlo para siempre en el mismo momento. Si quieres que tu clase sea amena, presta atención a las sugerencias que realizamos en este artículo:

La posibilidad de dictar una clase amena divide las aguas entre quienes apoyan y ejercitan esta idea y quienes la aborrecen y resisten ampulosamente. Haz todo lo posible por identificarte con los primeros. Hay formas de enseñanza obsoletas que no concuerdan con nuestros tiempos. Antes que en demostrar tu conocimiento sin contemplar el efecto que tu clase pueda tener en quienes la reciben, interésate por conocer hasta dónde has llegado con tus explicaciones, aísla y toma provecho de las devoluciones que ellos elaboren

Lo más importante es saber hacia dónde vas. Si tu clase depende de tu inspiración, también depende de tu talento y probablemente habrá clases que puedan parecer valiosas mientras que habrá otras intrascendentes. Planificar te ahorrará los disgustos sin quitarte el gusto por lo que haces. Seguir un plan trazado con anticipación permite es organizar el proceso de aprendizaje cubriendo necesidades esenciales antes de perderse en intrincados razonamientos que no aportan lo básico.

No subestimes el poder de la sonrisa. Una sonrisa amable, al menos una expresión agradable en tu rostro invitará a los alumnos a sentirse parte de la clase y a participar de formas impredecibles que podrán potenciar el aprendizaje. Sonreír complementará tus palabras. Nadie creerá en tu entusiasmo por lo que intentas transmitir si no lo haces con una sonrisa y nadie querrá participar si no los invitas con la mirada. Escruta los rostros de tus alumnos para ver qué efecto tienen tus palabras.

Por descontado, tu clase debe ser dinámica, pero el hecho de involucrar a tus alumnos que venimos sugiriendo resultará mucho mejor si los integras a una dinámica de interacción y razonamiento que les permita desarrollar internamente las notas sobresalientes del curso con libertad y sin miedo a equivocaciones. Pídeles que participen, que intenten recordar y relacionar contenidos, evacuar sus dudas, preguntarse entre sí. Tutela su propia búsqueda sin avasallar sus espacios de reflexión. Ayúdalos a hacerse preguntas.

Estos consejos son solo algunos de los muchos que puedes considerar para inclinar la balanza hacia el aprendizaje verdadero: fomentar la voluntad de saber de tu clase y demostrar el valor de la curiosidad y el raciocinio. Recuerda que un nuevo día empieza cada vez que sale el sol y cada vez que entras al aula comienza una nueva etapa.

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Categorias: Educación
Ultima modificación: 07/05/2012