La historia de la pantomima

El lenguaje constituye la vía por excelencia para la comunicación humana, sin embargo, así como el hombre tuvo un amplio período de tiempo en que la gestualidad representaba la única manera de interactuar con sus semejantes, también el arte dramático o de representación, inició su historia en silencio.

   Los primeros mimos aparecieron en Grecia, como parte de los festejos donisíacos que más tarde se trasladaron al teatro. En estas primeras representaciones la expresión corporal se imponía sobre la palabra, hasta que se introduce definitivamente el lenguaje oral como elemento principal de las obras, cuyo sentido moral era demasiado complejo para ser abordado desde la pantomima.

   El mimo quedó relegado al vulgo que se concentraba fuera del teatro, hasta que la cultura romana revalorizó de tal forma al actor silencioso, que este llegó a convertirse prácticamente en una de las figuras más relevantes del arte teatral del país, lo que implicó una profunda enemistad entre estos últimos y los poetas, que vieron disminuida su función dentro del ámbito cultural de la sociedad romana.

   A partir de su auge en la cultura latina, el arte de la pantomima se extendió hacia otros países de Europa, como Francia, mientras que en América Latina las culturas pre-colombinas desarrollaban nuevas formas de representación sin palabras que incluían sobre todo la música y la danza, y más tarde los esclavos africanos aportaban sus propios espectáculos folklóricos al lenguaje corporal.

   Durante el siglo XX se producen importantes avances en materia de investigación sobre esta modalidad artística, encabezados por Etienne Decroux, observador meticuloso del comportamiento humano, y Angel Elizondo,  que redacta el Esquema de la Expresión Corporal, de la cual se nutrió un número considerable de nuevos mimos.

   La mímica constituye una manera de expresar necesidades y sentimientos a través de gestos y ademanes, llevada al arte por maestros de la interpretación como Fulano y Fulano, que cuentan con el respeto de sus colegas parlantes.

   Uno de los elementos más importantes para quienes realizan pantomimas es el maquillaje, el cual les permite delinear los rasgos y expresiones faciales. Lo más frecuente es el empleo de una base blanca sobre la cara, unido a ojos y labios destacados mediante tonalidades oscuras, que aunque lo diferencian del payaso mantiene el mismo criterio de acentuar tristeza o felicidad. Los vestuarios pueden variar entre lo más común hasta los conjuntos más patéticos y extravagantes.

   El éxito de un actor de pantomimas, al igual que el de cualquier artista escénico, consiste en saber evaluar a su público y ofrecerle un espectáculo de acuerdo a sus características.

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Categorias: Arte
Ultima modificación: 05/08/2013