La historia de la danza de los abanicos

Es difícil imaginar la historia de la danza japonesa sin tener en cuenta varias de sus reliquias culturales como el kabuki, una danza teatral que surgió gracias a la miko –sirvienta de un templo- Izumo no Okuni, en el año 1603 cerca de las riberas del río Kioto.

Fue inaugurada y representada originalmente solo por mujeres, quienes asumían los personajes femeninos y masculinos por igual en las primeras obras que abordaban la vida cotidiana de la nación, sin embargo, producto de la vida que llevaban, demasiado licenciosa para la época, en 1629 fueron expulsadas de los escenarios y sustituidas por hombres.

La moral en ese momento tampoco resultó muy protegida, dada la facilidad de la juventud masculina para corromperse por igual, así que a partir de 1635 solo los hombres maduros podían interpretar la danza kabuki. Como antes lo hicieran las mujeres, estos actores danzantes tuvieron que especializarse en los personajes femeninos.

Con los años y la práctica, la belleza de la danza fue en aumento y en la actualidad consiste una de las danzas tradicionales más gustadas de Japón. Siglos de especialización, además, favorecieron que el protagonista del kabuki haya aprendido a dominar los músculos de todo su cuerpo, para lograr un poder expresivo muy intenso.

Esta danza, como otras de la región, se apoya en numerosos artículos y elementos del vestuario para apoyar su desempeño, los cuales con el tiempo se convirtieron en íconos de esta expresión cultural y folclórica. Entre ellos se encuentran las mangas del kimono y la sombrilla, pero destaca el abanico, por la gracia y expresividad que han logrado los bailarines con su empleo.

El abanico multiplica las posibilidades artísticas y comunicativas del intérprete, y según el Blog Digital de la Danza Clásica, si se lo abre y lo cierra sutilmente las plantas florecen y la lluvia cae, si se lo ondula abierto, las mariposas vuelan y un bote se mece sobre el agua y así se indican innumerables estados de ánimo y acontecimientos. Una hoja que cae o la luna que se levanta pueden ser perfectamente interpretadas por un abanico diestramente manejado.

Este accesorio, cuando constituye un elemento de la danza, suele ostentar decorados con pinturas o patrones impresos fijos. Los diseños de aquellos que se emplean durante el día pueden ser de toda clase, aunque destacan los que presentan poemas manuscritos con caracteres kanji, retratos y paisajes.

Entre las particularidades de la puesta en escena se encuentran la música y la iluminación que se combinan para articular un espectáculo impresionante, cargado de historia y sombolismo.

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Categorias: Danza
Ultima modificación: 05/08/2013