Cómo dormir bien

En un día de 24 horas deberías completar 8 horas de sueño. Dormir bien es una necesidad fisiológica idéntica a comer. Quien no duerme pone en peligro su vida, al igual que quien deja de comer. Por supuesto existen diferencias esenciales entre el acceso a los alimentos y el acceso al buen sueño que no permiten profundizar en este paralelismo. Sin embargo, podemos señalar que mientras una persona con apetito siempre estará dispuesta a comer, sentir cansancio y no poder conciliar el sueño es una maldición de muchos.

Estaremos entonces de acuerdo en que dormir no es meramente una cuestión volitiva. Dormir no depende de la decisión de la persona de recostarse, cerrar los ojos y celebrar la buena fortuna de contar con un techo y una cama. Ingresar en el estado de semiinconsciencia al que accede nuestro ser en los momentos de descanso (en el cual atravesará distintas etapas, renovará energías y comenzará un nuevo día) puede ser una deuda pendiente que amenace la salud física y mental de quien padezca esa falta.

Dentro de los métodos no medicinales o químicos de inducción al sueño, de lo que no hablaremos para apoyar una solución natural a la complicación, el mejor es preparar el descanso. Habrá días en los que conciliar el sueño sea tan sencillo como tocar la almohada, pero seguramente habrá otros en los que te encuentres a mitad de la noche sin haber podido juntar los párpados. Para que dormir o no deje de parecer obra del azar, es de precipua importancia ingresar lentamente en la etapa de relax. La etapa de relax es un periodo de tiempo durante el cual debes comenzar a demostrar a tu cuerpo  -y específicamente a tu mente- que se acerca un momento de desconexión.

Los pensamientos y las preocupaciones deben quedar fuera de este espacio que comienzas a construir para permitir el descanso. Presta atención a tu respiración. Concéntrate en inspirar y exhalar por la nariz, sin intentar dominar la frecuencia ni la intensidad de tu respiración. Dedícale algunos minutos a esta transformación que en instantes comenzará a aplacar tu ansiedad, tus miedos, tu actividad mental. Debes comprender que te encuentras en el momento del día en el que ya has hecho lo que podías hacer. SI has hecho mucho, alégrate. Si te ha faltado tiempo para hacer otras cosas, lo harás mañana. No dejes de concentrarte en tu respiración. Irás cayendo lentamente en un estado de relajación cada vez más profundo que te permitirá amanecer al día siguiente con energías renovadas sin siquiera haber hecho esfuerzo alguno.

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Categorias: Salud
Ultima modificación: 07/02/2012